NASA podrá alertar antes de que un volcán haga erupción

Una innovación científica sin precedentes podría transformar por completo la manera en que el mundo se prepara ante una erupción volcánica. Por primera vez, los árboles, y más específicamente el color de sus hojas, podrían convertirse en un sistema de alerta temprana, ante un desastre natural de grandes proporciones.

Esto es posible gracias a un enfoque desarrollado por

Los árboles absorben este gas como parte de su proceso de fotosíntesis. Si la concentración de dióxido de carbono en un área aumenta por la actividad volcánica subterránea, los árboles lo absorben en mayor cantidad

Como consecuencia, sus hojas se vuelven más verdes, más frondosas y más brillantes.

Este enverdecimiento es perfectamente visible desde el espacio, gracias a satélites como el Landsat 8, el Terra de la NASA, o el Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea (ESA). Al detectar estos cambios en la vegetación, los científicos pueden inferir que hay una liberación temprana de dióxido de carbono, mucho antes de que una erupción se vuelva inminente.

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Planeta Tierra visto desde un satélite La clave está en las señales débiles

Durante décadas, el monitoreo volcánico se ha basado principalmente en dos indicadores: las ondas sísmicas y las emisiones de dióxido de azufre. Sin embargo, ambos pueden manifestarse cuando ya es demasiado tarde. En contraste, el dióxido de carbono se libera en las primeras fases del ascenso magmático, convirtiéndolo en una señal clave para anticiparse a una erupción.

El problema es que medir directamente este gas desde el espacio es extremadamente complejo. La atmósfera ya contiene dióxido de carbono en grandes cantidades, lo que dificulta identificar con precisión las emisiones volcánicas más sutiles.

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Aquí es donde los árboles entran en juego. En lugar de intentar detectar el gas de forma directa, los científicos se enfocan en sus efectos sobre la vegetación. Al actuar como indicadores biológicos, los árboles ayudan a amplificar esa señal invisible, haciéndola observable con tecnología satelital.

Satelite en el espacioUn experimento que cambia paradigmas

Esta nueva línea de investigación se ha puesto a prueba en volcanes activos como el Etna, en Sicilia, y el Rincón de la Vieja, en Costa Rica. En estos sitios, un grupo multidisciplinario de investigadores ha combinado imágenes satelitales con mediciones de campo para validar sus observaciones.

La vulcanóloga Nicole Guinn, de la Universidad de Houston, comparó imágenes de distintos satélites para observar los patrones de coloración en los árboles que rodean el Etna. Su estudio fue el primero en demostrar una correlación directa entre el color de las hojas y la actividad magmática subterránea, abriendo la puerta a una nueva metodología de vigilancia volcánica.

En paralelo, el climatólogo Josh Fisher, de la Universidad de Chapman, lideró una misión conjunta entre la NASA y el Instituto Smithsonian en Panamá y Costa Rica. Allí, los científicos sobrevolaron los volcanes con espectrómetros instalados en aeronaves para analizar el color real de la vegetación, al mismo tiempo que recolectaban muestras de hojas y medían niveles de dióxido de carbono en el terreno.

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Es importante precisar que este enfoque no reemplaza los métodos tradicionales de vigilancia volcánica, como la sismología o los sistemas geodésicos que detectan deformaciones del terreno. Pero sí representa una herramienta poderosa que puede complementarlos.

La gran ventaja es que permite monitorear volcanes remotos o de difícil acceso, donde instalar sensores o realizar mediciones regulares puede ser costoso, peligroso o directamente inviable. Con esta técnica, bastaría con analizar periódicamente imágenes satelitales para detectar cambios sospechosos en la vegetación que podrían indicar un despertar volcánico.

Aunque los resultados preliminares son prometedores, esta metodología no es aplicable en todos los casos. Muchos volcanes se encuentran en regiones áridas, en zonas alpinas o en terrenos sin cobertura vegetal suficiente como para permitir este tipo de análisis.

Además, factores como el clima, las estaciones del año o incluso incendios forestales pueden afectar el color de los árboles, por lo que se requiere un análisis riguroso y constante para evitar falsas mediciones.