La agresiva política arancelaria del presidente Donald Trump afectaría principalmente a los estadounidenses que planean comprar un automóvil.
Según la consultora AlixPartners, los 30.000 millones de dólares que costarán los aranceles a la industria automotriz estadounidense recaerán en los compradores, ya que el precio de cada vehículo aumentará en casi 2.000 dólares.
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Esta decisión llevó a AlixPartners a reducir casi a la mitad su previsión de ventas de vehículos eléctricos en Estados Unidos: ahora estima que estos representarán solo el 17% del total de ventas en 2030, frente a una proyección anterior del 31%. Esto se debe a que los consumidores “seguirán su bolsillo” y preferirán vehículos tradicionales de gasolina.
La retirada del apoyo a los vehículos eléctricos afectará la competitividad de los fabricantes estadounidenses, quienes podrían verse forzados a depender de China, líder global en este segmento, ya sea mediante licencias, empresas conjuntas o el uso de tecnologías y plataformas chinas.
Wakefield concluyó que los fabricantes estadounidenses “tendrán los mejores motores V8 del mundo en 2028” y, posiblemente, “también los únicos motores V8 del mundo en 2028”, una tecnología que se encuentra en franco declive.