Durante décadas, el vino ha sido percibido en Colombia como una bebida de celebración, ajena a la cotidianidad. Mientras el consumo se mantiene bajo en comparación con otras regiones, el interés por explorar nuevas formas de acompañar la comida ha crecido.
Qué platos colombianos se elevan con vino tinto
El vino tinto, elaborado con variedades como la Castelão y la Aragonêz, se caracteriza por su cuerpo, taninos definidos y notas a frutos rojos, ciruelas, vainilla y especias. Su estructura lo hace ideal para platos de cocción lenta o alto contenido proteico. Preparaciones como la posta cartagenera, la sobrebarriga, el cabrito santandereano, el cuy del sur o la ternera a la llanera encuentran en el vino tinto un aliado para potenciar sabores sin saturar.
Este tipo de vino también mejora la digestión en platos con alta carga de grasa, como la bandeja paisa. La combinación permite redondear el sabor del conjunto, suavizando los contrastes y aportando una sensación más ligera al final de la comida.
Más que bebida, una forma de valorar la cocina local
El crecimiento del consumo de vino no depende solo del acceso al producto, sino también de un cambio en la percepción cultural. Beber vino con moderación durante la semana, en lugar de concentrar el consumo el fin de semana, puede transformar la relación con la comida y con los propios rituales de mesa.
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Una de las bodegas que ha impulsado esta conversación es AdegaMãe, desde Portugal. Sus vinos frescos, versátiles y de perfil gastronómico han sido introducidos en Colombia como una forma de enriquecer la experiencia culinaria. Pero más allá de las marcas, lo que se propone es una nueva forma de pensar el vino: no como lujo, sino como parte del acto de comer bien.