Según el más reciente informe de Corficolombiana, cuatro de cada diez hogares en Colombia están en arriendo, una proporción que ya iguala a la de los propietarios.
Esta tendencia se consolidó desde 2022 y evidencia un cambio estructural en la forma en la que los colombianos acceden a la vivienda. Hace 20 años, solo el 31,4% de los hogares vivía en arriendo, mientras que el 53,3% contaba con vivienda propia.
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El encarecimiento de la vivienda también ha hecho que las familias pierdan considerablemente su capacidad adquisitiva. En 2010, un hogar requería un ingreso mensual de 4,8 salarios mínimos para financiar una vivienda No VIS de $100 millones; 14 años después, una propiedad similar supera los $300 millones y necesita un ingreso mínimo de 5,8 salarios mínimos, según Corficolombiana.
A todo esto se suma que los inmuebles son cada vez más pequeños: dos de cada diez son unipersonales, y el 43% de estos son destinados a arriendo. El informe señala que el envejecimiento de la población y la reducción de la tasa de natalidad transforman la demanda habitacional hacia una preferencia por lo más pequeño y flexible.