¿CÓMO el colegio PUEDE DEFINIR el 85 % del ÉXITO en la vida laboral?

Un estudio desarrollado por la Universidad de Harvard, la Fundación Carnegie y el Centro de Investigación de Stanford concluye que cerca del 85 % del éxito profesional depende de habilidades interpersonales, mientras que solo el 15 % se relaciona con conocimientos técnicos. Este hallazgo es lo que ha llevado a que los sistemas educativos reconsideren sus prioridades, incorporando el desarrollo de competencias socioemocionales como parte esencial de la formación académica.

La educación del siglo XXI busca que los estudiantes aprendan no solo contenidos, sino también a comunicarse, trabajar en equipo, resolver conflictos y adaptarse a diferentes entornos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la enseñanza de habilidades blandas contribuye a mejorar los resultados académicos y la participación social, además de preparar a los jóvenes para empleos en contextos laborales cambiantes.

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Un desarrollo temprano de estas habilidades socioemocionales no solo favorece el rendimiento académico, sino que también fortalece la relación entre aprendizaje y vida cotidiana. Por ello, el aula se convierte en un entorno muy importante para formar individuos capaces de construir su propio futuro con base en la empatía, la colaboración y la creatividad.

Un desarrollo temprano de estas habilidades socioemocionales no solo favorece el rendimiento académico, sino que también fortalece la relación entre aprendizaje y vida cotidianaProgramas escolares para fortalecer competencias

En Colombia, varias instituciones educativas han comenzado a integrar este enfoque en sus programas. En Medellín, el Vermont School impulsa la iniciativa “Vermont Skills”, diseñada para incorporar el aprendizaje emocional y social dentro del currículo regular.

El rector del colegio, Santiago Castro, explicó que el propósito del programa es que los estudiantes reconozcan la importancia de estas capacidades desde los primeros años. “Vermont Skills complementa el currículo académico y convierte el aprendizaje emocional, la ciudadanía global, la innovación y la creatividad en experiencias concretas dentro del aula. Nuestro propósito es que estas habilidades se desarrollen de manera continua y hagan parte del proceso formativo desde las primeras etapas”, afirmó.

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El modelo se organiza en cuatro áreas principales: ciudadanía global, humanidades y artes, deportes y STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). A través de proyectos, los estudiantes reflexionan sobre liderazgo, cooperación y responsabilidad social, fortalecen la resiliencia y aplican el pensamiento crítico en la solución de problemas.