El panorama mundial es de alto voltaje. El contexto internacional tiene varios frentes abiertos: la reorientación política y económica en Washington; la persistente agresión rusa en Ucrania; la guerra en Gaza y la intensa pugna de poder entre China y Estados Unidos. Todo ello obliga a Europa a redefinir su papel y la extensión de su unidad. En este entorno cada vez más hostil, donde la cooperación se debilita, la Unión Europea (UE) enfrenta la presión de madurar estratégicamente para garantizar su supervivencia y autonomía. A estos desafíos se añaden dos retos más: el digital y el ambiental, que sacuden cada vez con mayor fuerza el tablero económico y social por el impacto que tienen.
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