Los 4.000 vecinos de la barriada del Guadalquivir, en Coria del Río, llevan dos décadas expuestos a altos niveles de benceno, tolueno, eibenceno o xileno. En este tiempo, varios han desarrollado leucemia, otros padecen cefaleas, náuseas, mareo, desorientación, depresión e irritación respiratoria… Sin embargo, y pese a que varios informes del Seprona y la Fiscalía de Medio Ambiente advierten de que la inhalación de estos gases puede provocar este tipo de enfermedades, ellos no pueden probarlo desde un punto de vista médico. La razón: no existe un protocolo que permita a los profesionales sanitarios atribuir el desarrollo de este tipo de dolencias, la mayoría crónicas, al contacto con esos hidrocarburos tóxicos.
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