La rebelión de los pueblos contra las plantas de biometano: el gas limpio que asusta por el mal olor

José Antonio Camuñas, alcalde de Casasbuenas, un pequeño pueblo toledano de 200 habitantes, no tiene nada en contra de la planta de biometano que corona un cerro cercano. “Entiendo su beneficio ambiental, pero no los olores nauseabundos que nos llegan”, aclara. Como prueba, muestra las 180 denuncias vecinales que se acumulan en el Ayuntamiento y el escrito que mandó a la Fiscalía de Toledo en septiembre. “Que lo arreglen o que se la lleven más lejos”, plantea.

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La planta de biometano de Casasbuenas.