El cambio climático —que el presidente de EE UU, Donald Trump, considera “la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo”— es precisamente lo que está alimentando el apetito por hacerse con el control de Groenlandia, objetivo declarado del republicano. Porque el calentamiento global causado por el ser humano alcanza niveles récord en la región Ártica. Y esto desencadena un deshielo que permite la apertura de nuevas rutas marítimas que las grandes potencias quieren controlar y un teórico mejor acceso a los recursos —minerales y combustibles fósiles— de esta enorme isla.
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