La laguna permanente de Santa Olalla, en Doñana, ha recuperado sus niveles normales de salinidad tras la grave sequía que sufrió entre los años 2022 y 2024, pero ha perdido especies: ya no quedan anguilas —que se encuentran en peligro crítico de extinción— y los galápagos casi han desaparecido. Sin embargo, ha logrado recuperarse y regresar a niveles habituales de salinidad tras los dos últimos inviernos lluviosos. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Pablo de Olavide destaca la capacidad de autorregeneración de este ecosistema pese a los episodios extremos de sequía registrados entre 2022 y 2024, cuando se llegó a la desecación total de la laguna.
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