Los mostradores de pescado vacíos. Así se encontraron los compradores que llegaron al Mercado de la Paz de Madrid en septiembre pasado. No se habían agotado las existencias. Estaban ante una campaña publicitaria organizada por Apromar, la asociación empresarial de acuicultura española, que quería que la población imaginara un país sin pescado de cultivo. “Los productos de mar podrían convertirse en un lujo al alcance de unos pocos”, advertían. Para después decir: “La verdadera fortuna es vivir en un país donde existe la acuicultura y se garantiza pescado para todos”.
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