Los 2 países de SUDAMÉRICA donde se maneja por la izquierd

En la mayor parte del mundo, los vehículos circulan por la derecha. Esta regla aplica en casi toda América Latina, donde millones de personas conducen cada día bajo esta norma que parece universal. Sin embargo, hay excepciones que rompen con esta tendencia, muchas veces por razones históricas, culturales o políticas que se remontan a la época colonial.

El sentido de circulación no es un capricho moderno, sino una convención adoptada por cada país con base en su historia. Mientras que las colonias influenciadas por países europeos como Francia o España adoptaron el tránsito por la derecha, aquellas que estuvieron bajo dominio británico o siguieron su modelo mantuvieron el manejo por la izquierda. Este legado aún persiste en varios rincones del planeta, incluyendo dos naciones de América Latina.

Los dos países de América Latina donde se conduce por la izquierda

En América Latina, los únicos dos países donde se conduce por la izquierda son Guyana y Surinam. Estas naciones sudamericanas, ubicadas al norte del continente, conservan esta particularidad que contrasta con todos sus vecinos, incluidos Brasil, Venezuela y Colombia, donde se conduce por la derecha, como es habitual en la región.

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Aunque Guyana y Surinam son los únicos países de América Latina donde se conduce por la izquierda, esta práctica es común en otras regiones del planeta. En total, más de 70 países lo hacen, incluyendo Japón, India, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y varios territorios insulares del Caribe.

En la mayoría de estos casos, el sistema fue heredado del Imperio británico, que estableció esta norma en sus colonias. Incluso países que hoy conducen por la derecha, como Canadá, llegaron a tener regiones que originalmente seguían el modelo británico.

¿Podrían cambiar algún día al sistema de la derecha?

Aunque el tránsito por la izquierda puede parecer una desventaja para la integración vial con el resto del continente, ni Guyana ni Surinam han planteado cambiar su modelo. La infraestructura vial, el parque automotor y las normas de tránsito están completamente adaptadas a este sistema, y modificarlo implicaría un enorme costo económico y cultural.