Preguntar algo simple como “¿qué día es hoy?”, o agradecer con un “muchas gracias” en ChatGPT podría ser un gesto de mínima cortesía, casi insignificante. Pero lo que muchos no imaginan es que para responder a cada mensaje que se envía al chat (ya sea una duda técnica, una broma o una consulta con cortesía), se pone en marcha una costosa infraestructura tecnológica.
Recientemente, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, sorprendió al resolver una duda aparentemente frívola: ¿cuánto gasta la compañía por los mensajes que incluyen frases como “por favor” y “gracias”?
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¿Vale la pena ser cortés con una inteligencia artificial?
Desde el punto de vista técnico, las palabras “por favor” o “gracias” no cambian el resultado de las respuestas que ofrece ChatGPT. Puesto que no existe una recompensa, penalización para el usuario que es amable o grosero.
Sin embargo, sí existen razones por las cuales algunos expertos creen que la cortesía tiene valor, incluso en conversaciones con una máquina.
1. Promueve buenos hábitos sociales
Aunque ChatGPT no tiene emociones, muchos usuarios (especialmente niños y jóvenes) están aprendiendo a comunicarse en un entorno digital. Ser cortés con una IA puede reforzar comportamientos positivos que luego se trasladan a la vida real.
2. Mejora la experiencia del usuario
Hablarle con respeto y amabilidad a ChatGPT puede hacer que la interacción se sienta más natural, cercana y humana. Esta percepción influye en cómo las personas valoran el servicio, aunque la respuesta final sea la misma.
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3. Impacta el entrenamiento de futuros modelos
Los datos que se recopilan de las interacciones con ChatGPT podrían influir en cómo se entrenan modelos futuros. Si predominan mensajes hostiles, el modelo podría adoptar un tono más defensivo o neutral. En cambio, si se recogen patrones de cortesía, esto podría ayudar a moldear modelos más empáticos o socialmente conscientes.
4. Influye en el diseño ético de las plataformas
OpenAI no exige que los usuarios sean corteses, pero sí promueve un entorno de respeto y responsabilidad. Esto no solo protege la calidad del servicio, sino que también respalda objetivos educativos y de investigación.
El hecho de que una empresa como OpenAI reconozca que se gastan millones de dólares al año en responder mensajes de cortesía evidencia una realidad poco explorada: cada palabra digitada por un usuario en una plataforma de inteligencia artificial tiene un precio.
No importa si la interacción es una consulta médica, un código en Python o un simple “gracias”, cada acción conlleva un gasto computacional y económico. En un momento en donde el uso de estas tecnologías se dispara en todo el mundo, el dato sirve para dimensionar el tamaño de la operación detrás del servicio.