Según la teoría de la deriva continental propuesta por Alfred Wegener, hace aproximadamente 335 millones de años existió un supercontinente llamado Pangea, que comenzó a fragmentarse hace unos 200 millones de años hasta conformar los continentes actuales.
Aunque el proceso es lento en escala humana, sigue activo desde el punto de vista geológico. De hecho, uno de los continentes está experimentando una fractura visible que podría conducir, a largo plazo, a la formación de un nuevo océano.
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La zona de fractura es estratégica para la logística global, debido a su proximidad al Canal de Suez. Si la división continúa, podrían verse afectados tanto las rutas comerciales como los ecosistemas regionales.
Aunque el proceso sigue su curso, la separación total y la formación completa del nuevo océano tomarán millones de años. Sin embargo, el evento de 2005 ha generado debate sobre una posible aceleración de este fenómeno geológico.