El consumo de carne genera un impacto ambiental significativo debido a múltiples factores. Uno de los principales es la emisión de gases de efecto invernadero, originados por la digestión de rumiantes como vacas y ovejas, así como por el estiércol y los fertilizantes utilizados en el cultivo de su alimento.
Otro aspecto crítico es el uso excesivo de agua: se estima que se requieren cerca de 15.000 litros para producir un solo kilo de carne de res. A esto se suma la expansión de tierras destinadas al pastoreo o al cultivo de soya, utilizada en la alimentación animal, lo que ha acelerado la deforestación, especialmente en zonas como la Amazonía.
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Gebara agregó que el propósito central del estudio fue determinar si es posible cubrir las necesidades nutricionales de la población mundial sin sobrepasar los límites ecológicos del planeta.

De acuerdo con los resultados, publicados en la revista ‘Nature Food’, esto es viable, siempre que se realice una transformación en los patrones de consumo alimentario a nivel global.
“El cambio global requiere una acción política de alto nivel, pero el cambio individual será más sencillo si contamos con mejores guías y marcos normativos que fomenten la reducción del consumo de ciertos alimentos”, explicó la científica.
Dietas sostenibles para reemplazar la carne
El estudio destaca que dietas como la pescetariana (incluye pescado), vegetariana (excluye toda carne) o vegana (excluye productos de origen animal) pueden mantenerse dentro de los límites planetarios. También menciona que combinaciones como la vegetariana con lácteos o huevos son potencialmente sostenibles.
“Es posible comer queso si eso es importante para ti, y al mismo tiempo seguir una dieta saludable y respetuosa con el clima”, indicó Gebara. “Lo mismo aplica para los huevos, el pescado y la carne blanca, siempre que el resto de la dieta sea equilibrada y sostenible. No se trata de elegir una cosa o la otra”.