Los ojos del mundo occidental están puestos en El Vaticano, donde 133 cardenales permanecen encerrados en la Capilla Sixtina para elegir al sucesor de Francisco I como nuevo Papa.
Una vez se haya tomado la decisión, de una pequeña chimenea en lo alto de la Capilla saldrá una señal de humo blanco. Mientras no haya elección, el humo será negro.
Esta chimenea ha sido cuidadosamente diseñada, y detrás del color del humo hay una fórmula química que garantiza que la señal sea completamente clara para los espectadores.
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Por ello, los técnicos emplean una abertura existente o crean una trampilla provisional para insertar el conducto. Cada junta es sellada y el sistema se prueba rigurosamente para evitar fugas. Bomberos participan en el proceso ante cualquier eventualidad.
“Se trata de un proceso muy preciso. Si algo falla, no es sólo un problema técnico, sino un incidente internacional”, advirtió a la BBC Kevin Farlam, ingeniero de estructuras especializado en edificios patrimoniales.
“No es como poner una tubería en un horno de pizza. Cada componente debe instalarse sin dañar nada”, puntualizó.
Los químicos detrás del color del humo
No es por ruedas de prensa ni mensajes en redes sociales como el Vaticano comunica la elección de un nuevo Papa. La señal oficial es el color del humo.

Antes de 2005, el contraste entre los colores no era claro para los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Por eso, se comenzaron a emplear compuestos químicos específicos.
Según explicó a la BBC Mark Lorch, jefe del departamento de química y bioquímica de la Universidad de Hull, en el Reino Unido:
“Para el humo negro, se quema una mezcla de perclorato potásico, antraceno y azufre, que produce un humo denso y oscuro”.
“Para el humo blanco, se utiliza una combinación de clorato potásico, lactosa y colofonia de pino, que genera una combustión limpia y pálida”, agregó.