La inteligencia artificial (IA) ha avanzado a pasos acelerados en los últimos años, transformando no solo múltiples actividades cotidianas, sino también diversas industrias.
Un ejemplo es el alto nivel de comprensión y generación de lenguaje alcanzado por modelos como ChatGPT o Grok, capaces de mantener conversaciones, redactar textos complejos, traducir con precisión, resumir información y ejecutar otras funciones especializadas.
Además, se han desarrollado herramientas que permiten automatizar tareas repetitivas en áreas como la contabilidad, atención al cliente, análisis de datos, manufactura y logística. Incluso, la IA ha incursionado en la creación de pinturas, música, poesía y diseño gráfico.
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Hackl advirtió que el control de esta interfaz será clave, ya que, a medida que el hardware nativo de la IA se incorpora a la vida diaria, el nivel de inmersión y utilidad dependerá de cómo las personas interactúen con los sistemas inteligentes.
“La IA nos impulsa a buscar un dispositivo que lleve la colaboración con ella desde la pantalla al mundo real. Los dispositivos XR de manos libres logran eso. La IA también necesita datos, y elementos como las cámaras, sensores de ubicación y entradas de voz en estos dispositivos pueden cubrir esa necesidad”, explicó Kristi Woolsey, líder global de XR y tecnología espacial en BCG, al Foro Económico Mundial.
Finalmente, Woolsey concluyó que esta transición de hardware permite que la IA pase de ser una herramienta en una pantalla a convertirse en una compañera en el mundo real.