Desde hace unos años, Estados Unidos libra una guerra que para muchos es invisible. Cada semana, dos aviones despegan desde un aeródromo cercano a Ciudad de Panamá y sobrevuelan la densa zona verde que separa a Panamá de Colombia.
Pero en este caso las aeronaves no lanzan bombas o suministros para un conflicto. En su lugar, liberan un ejército de 14.7 millones de moscas estériles.
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¿Cómo se produce el ejército de moscas?
La fábrica de moscas, ubicada en un antiguo ingenio azucarero a 30 kilómetros de Ciudad de Panamá, opera 24/7. Es un laberinto sin ventanas, lleno de salas con temperatura y humedad controladas. Allí se produce cada semana un ejército de insectos.
Las larvas se crían, se irradian y luego se transportan a los aviones para su liberación. Todo este proceso ocurre con una precisión quirúrgica, pues cualquier error representa la derrota en la guerra por impedir el avance del gusano.
Una estrategia que cambió la agricultura continental
Antes de la erradicación, los rancheros estadounidenses pasaban largas jornadas revisando reses en busca de heridas infestadas. Hoy, gracias a este sistema, la ganadería del hemisferio norte ha sido transformada.
A pesar de los avances, la amenaza sigue viva al sur de Panamá. El gusano barrenador continúa presente en países como Colombia, Venezuela y Brasil. Por eso, el compromiso con esta barrera biológica no se ha reducido, ni parece que lo haga pronto.