El cólera, una enfermedad prevenible y tratable, está dejando un rastro mortal en Sudán. El Ministerio de Salud de ese país confirmó este martes un alarmante balance: 172 personas han muerto por esta infección bacteriana y se han reportado 2.729 nuevos casos en solo una semana, la mayoría de ellos concentrados en el estado de Jartum, epicentro político y poblacional del país africano.
Pero más allá de las cifras, el brote actual refleja las profundas heridas abiertas por un conflicto armado prolongado y la precariedad extrema en la que vive buena parte de la población. Sudán atraviesa una catástrofe sanitaria empujada por la guerra, el colapso de los servicios públicos y el desplazamiento forzado de millones.
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“Estos ataques contribuyeron a que los ciudadanos bebieran agua no tratada, lo que provocó el rápido aumento de los contagios”, indicó el gobierno local en un comunicado oficial.
El regreso de los desplazados y la propagación del cólera
La situación se agravó aún más tras la liberación parcial del estado de Jartum, que permitió el retorno de miles de ciudadanos desplazados provenientes de zonas como Jebel Aulia y Salha. Sin embargo, este regreso masivo se dio en medio de condiciones ambientales deterioradas y sin acceso seguro a fuentes de agua potable, tal como lo explicó el ministro de Salud, Haitham Mohamed Ibrahim.
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El cólera se propaga principalmente a través del consumo de agua o alimentos contaminados con heces. En contextos de hacinamiento, como los campos de desplazados, o en barrios sin servicios básicos, el riesgo de infección se multiplica de forma alarmante.
Una crisis dentro de la peor crisis humanitaria del planeta
Sudán no solo enfrenta un brote epidémico, sino que lo hace en el marco de la peor crisis humanitaria del mundo, según organismos internacionales. La guerra que estalló en abril de 2023 ha dejado un saldo trágico: decenas de miles de muertos y más de 12,5 millones de personas desplazadas internas. La mayoría de ellas sobreviven en condiciones precarias, sin acceso a servicios médicos, saneamiento ni alimentos suficientes.
La violencia ha colapsado los sistemas de salud, ha desplazado a profesionales médicos y ha convertido a hospitales y clínicas en blanco de ataques armados. La capacidad de respuesta del Estado es casi inexistente en muchas regiones, lo que deja a las víctimas del cólera completamente desamparadas.
El cólera, una enfermedad que se puede prevenir
Paradójicamente, el cólera es una enfermedad fácilmente prevenible y tratable. Con acceso a agua potable, buenas prácticas de higiene y atención médica básica, los contagios y muertes pueden reducirse drásticamente. Sin embargo, en un país en guerra, estas condiciones se han vuelto un lujo inalcanzable.
La comunidad internacional ha emitido llamados de alerta, pero la respuesta sigue siendo limitada frente a la magnitud de la tragedia. Organismos humanitarios intentan establecer puntos de atención de emergencia, pero el acceso a muchas zonas es peligroso o directamente imposible.
¿Qué se necesita para detener la epidemia?
La única forma de frenar el brote es restablecer el acceso al agua segura, garantizar atención médica inmediata y proteger las infraestructuras sanitarias, algo que parece lejano mientras persista el conflicto armado. También es urgente que se implementen campañas masivas de vacunación oral contra el cólera y distribución de kits de higiene en las zonas más afectadas.
Sin embargo, mientras los combates continúen y los ataques contra instalaciones vitales no cesen, el cólera seguirá cobrando vidas que podrían haberse salvado.