Adelgazar es el objetivo de muchas personas, no solo por motivos estéticos, sino también por razones de salud. Sin embargo, alcanzar esa meta no siempre es sencillo, ya que ganar peso suele ser mucho más fácil que perderlo.
Una alimentación inadecuada y la obesidad pueden derivar en enfermedades como afecciones cardiovasculares, diabetes e incluso cáncer. Por ello, se trata de un problema creciente de salud pública a nivel mundial.
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En ese sentido, la doctora Alarcón recomienda tener en cuenta algunos errores frecuentes con el fin de lograr una dieta más informada y saludable:
- Desinformación: iniciar cambios en la alimentación sin datos confiables ni el acompañamiento de un profesional capacitado.
- Confianza en soluciones rápidas: creer en métodos o dietas que prometen resultados inmediatos, aunque no tienen base científica ni sostenibilidad.
- Falta de control alimenticio: no llevar un registro de lo que se consume impide identificar los alimentos que mejor se adaptan a las necesidades individuales.
- Preferencia por productos ultraprocesados: consumir alimentos ricos en jarabe de maíz, azúcares, grasas trans o sodio, sin revisar su información nutricional.
- Ausencia de variedad: mantener una dieta repetitiva puede generar deficiencias nutricionales importantes.
- Uso de aceites no saludables: cocinar con grasas refinadas puede provocar inflamación y reducir el valor nutricional de las preparaciones.
- Desequilibrio en las porciones: ingerir más o menos de lo necesario, especialmente en cuanto a proteínas, puede afectar negativamente la calidad de la alimentación.
¿Cómo corregir estos errores?
- Aumentar la ingesta de antioxidantes y fitoquímicos, consumiéndolos preferiblemente frescos y bien lavados, para conservar sus efectos protectores sobre las células.
- Regular el consumo de ácidos grasos esenciales, asegurando un equilibrio entre omega-3 y omega-6/9, ya que un exceso de estos últimos —presentes en alimentos procesados— puede generar inflamación sistémica.
- Combinar proteínas de origen animal y vegetal para cumplir con los requerimientos nutricionales y preservar la masa muscular.
- Controlar la ingesta de sodio y potasio para mantener el equilibrio de líquidos y el pH del cuerpo, aspectos esenciales para la recuperación y la prevención de enfermedades.
- Incrementar el consumo de calcio, magnesio, potasio y vitamina D, nutrientes que actúan de forma complementaria para fortalecer la salud ósea, muscular y cardiovascular.