La agenda ambiental ganó peso en el poder blando de Brasil, en la proyección internacional del mayor país amazónico, a medida que su selección de fútbol perdía brillo. Por eso, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones, en 2022, su primer viaje fue a la cumbre del clima de la ONU en Egipto para proclamar que Brasil volvía la primera línea de la batalla por el medio ambiente. Se empeñó en acoger una cumbre climática y hacerlo por primera vez en la Amazonia, pese a la pesadilla logística que supone. El día ha llegado. Desde este jueves y durante dos semanas largas, la ciudad de Belém, en la cuenca del río Amazonas, será la sede del debate mundial para combatir el calentamiento global.
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