Miles de personas desalojadas, como en los incendios de Ávila y Madrid, o atrapadas por las llamas, como en Los Gallardos (Almería) en julio, son la expresión extrema de un patrón que se repite en toda España: población asentada en la frontera entre el tejido urbano y grandes masas de vegetación que le sirven de combustible al fuego. Al menos 8.567.434 habitantes, el 18% de la población total, viven a menos de 400 metros de una de esas manchas forestales o en contacto directo con ellas, según el análisis realizado por EL PAÍS. Esa es la distancia que las normativas autonómicas consideran el área de influencia de un incendio: la franja en la que el fuego puede propagarse hasta las viviendas y donde deben aplicarse medidas de prevención.
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Metodología
Para estimar cuánta población vive en zonas expuestas al peligro de incendio forestal, EL PAÍS ha cruzado la rejilla de población de 100 metros elaborada por Goerlich y Mollá para la Fundación BBVA y el Ivie, basada en el censo de 2021, con el Mapa Forestal de España de máxima actualidad disponible. La rejilla permite estimar la población residente en celdas de una hectárea y compararla con la localización de pastos, matorral y bosque capaces de alimentar un incendio forestal.
Para cada celda habitada se calculó si estaba dentro de una zona de vegetación combustible o a qué distancias se encontraba de una gran masa forestal continua. El escenario principal considera expuesta a la población situada dentro de vegetación combustible o a 400 metros o menos de una mancha combustible de al menos 500 hectáreas. También se calcularon escenarios alternativos de 100 y 2.400 metros para comprobar la sensibilidad del resultado.
Para aproximar mejor el estado actual del combustible, se descontaron las celdas situadas dentro de perímetros de incendios registrados por EFFIS/Copernicus entre 2022 y 2026. Se escogió ese periodo porque recoge los incendios recientes con más capacidad de alterar la vegetación disponible, sin excluir áreas quemadas hace más tiempo donde el combustible puede haberse recuperado parcialmente.
El resultado mide exposición física, no probabilidad de incendio ni riesgo individual. No incorpora meteorología diaria, viento, pendiente, estado de las viviendas ni medidas locales de prevención. Los cálculos espaciales y las agregaciones se realizaron con software R a partir de fuentes públicas.