La oleada de incendios ha resucitado un debate antiguo sin resolver: cómo poner en marcha una gestión forestal sostenible en un territorio que sufre el impacto de unas olas de calor y sequías cada vez más graves. No hay una varita mágica. Es un conjunto de actuaciones planificadas, explican científicos y ecologistas, que piden a los políticos pensar en el futuro antes de actuar de forma precipitada para salir del paso. El objetivo es crear un paisaje mosaico en el que convivan diversos usos del suelo. Este modelo se ha perdido por el abandono rural y la caída de la ganadería y los cultivos tradicionales, con un crecimiento al mismo tiempo de la superficie forestal, que ocupa el 55% del territorio (28 millones de hectáreas). En ella se incluyen tanto terrenos con bosques como zonas de matorral y pastos.
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